martes, 13 de septiembre de 2016

CÓMO MEJORAR LA COMUNICACIÓN CON NUESTROS HIJOS

¿Somos realmente conscientes del impacto que tienen nuestros gestos y nuestras palabras en nuestro entorno? Tal como afirma la psicóloga y pedagoga Cinta Alegret Colomé, es imposible no comunicar, comunicamos incluso cuando estamos quietos y callados.
El poder de un silencio, de una sonrisa, o de una mirada, nos dice que la comunicación es mucho más que palabras. No se trata tanto de lo que decimos, sino de cómo lo decimos: ahí está la diferencia.
Entrenar nuestras habilidades comunicativas facilitará, y mucho, la relación con nuestros hijos.
  • Creamos credibilidad. Gracias a la comunicación creamos credibilidad, tendemos puentes hacia la otra persona y potenciamos nuestra capacidad de influencia. No se puede guiar a alguien por un puente si antes no se ha construido.
  • Escucha activa. Es muy importante practicar lo que se denomina: ‘escucha activa’. Es decir, saber escuchar desde el otro, con los cinco sentidos abiertos y olvidándonos de nuestro diálogo interno –juicios, prejuicios, comparaciones, etc.–. Sin duda, esta es la base de la empatía.
  • Buena sintonía. Tenemos que sintonizar con los sentimientos de nuestros hijos y con lo que nos quieren decir y expresar. Esta sintonía tiene como punto de partida la armonía y el acuerdo. Se trata del contexto total que rodea al mensaje verbal. Nos lleva a mimetizarnos el uno con el otro.
  • Observar siempre. Observar siempre sus expresiones, el tono de voz, los gestos corporales... nos ayudará a calibrar, a analizar a nuestros hijos y alumnos.
  • Mostrar interés. Muestra siempre tu interés por lo que te transmiten: ideas, sentimientos, experiencias. Vive la experiencia como una oportunidad de autoconocimiento. Los enemigos de la comunicación son la prisa, el ensimismamiento y el no saber diferenciar lo importante de lo urgente.
  • Lenguaje positivo. Utiliza siempre términos y expresiones formuladas en positivo. El lenguaje positivo orienta hacia la acción, el negativo bloquea. No juzgues en tus expresiones, ni compares a tu hijo con nadie. Los juicios son una proyección de nuestra manera de ver el mundo. Las comparaciones no ayudan a descubrir el potencial único de la persona.
  • Mensajes cortos y claros. Hay que emplear pocas palabras y claras; así el mensaje se transmite con mayor claridad. El lenguaje debe ser comprensivo y esperanzador para despertar en el que escucha oportunidades de expansión personal.
  • No presiones... pregunta. Jamás presiones en una conversación con tus hijos. Si lo haces, conseguirás el efecto contrario al esperado y no se creará un ambiente de confianza. Es importante formular preguntas para clarificar significados y captar el contenido con la máxima exactitud. Si originas espacios para la reflexión le demostrarás tu respeto.
  • Confianza y cariño. Es necesario que se genere un ambiente de confianza. Favorece la apertura de la otra persona en el proceso de comunicación. Utiliza un tono de voz adecuado, basado en el cariño.
  • Una expresión relajada. Mírale a los ojos y adopta una expresión facial relajada y de apertura de cuerpo y brazos. Observa cuál es el aspecto externo de tu interlocutor porque refleja una actitud interna y te ayudará a descubrirla.
  • Practica y recuerda. Cualquier momento es bueno para poner en práctica todos estos consejos que hemos comentado sobre comunicación verbal y no verbal. Pero recuerda siempre que: el buen comunicador es aquel que habla poco, escucha y observa mucho, y da más.

sábado, 2 de abril de 2016

"LO IMPORTANTE DEL DEPORTE NO ES EL RENDIMIENTO, SINO QUE DISFRUTEN LOS NIÑOS"


Esta semana en nuestro blog, hemos entrevistado al jugador y entrenador-educador de baloncesto Nacho Gella Ciprés. 


Nacho –además de ser Licenciado en Psicopedagogía, Diplomado en Magisterio de Educación Física y Entrenador Superior de Baloncesto– cuenta con una amplia experiencia como docente y monitor deportivo. En los últimos años ha compaginado su trabajo como entrenador profesional de baloncesto, con la asesoría técnica y pedagógica a clubes deportivos y jugadores profesionales.
En la actualidad es el Coordinador General del Soles Training Camp, escuela de baloncesto de los Soles de Mexicali (México) que cuenta con más de 500 niños y niñas. Además es seleccionador de México SUB15 masculino, equipo con el que el pasado mes de diciembre se proclamó campeón de Centroamérica.


Además en abril del año pasado -2015- salió a la venta su primer libro “NO TODO ES GANAR: Manual de buenas prácticas para el educador deportivo”.




Nacho, ¿cuáles dirías que son los valores más importantes que transmite el deporte a los niños?
El deporte en edad escolar sólo debe tener tres objetivos básicos. El primero y más importante es que el niño/a se divierta. El segundo es ayudar en un correcto desarrollo físico y cognitivo y, por último, enseñar a socializarse. A través del deporte se aprende a relacionarse con los compañeros y el entorno.

¿Cuáles de esos valores crees que deberían potenciar los padres y cuáles no?
Principalmente deberían dejar que su hijo/a se divierta jugando. A partir de ahí buscar un entrenador que ayude en la enseñanza de valores y sea un buen ejemplo de humanidad y comportamiento para el jugador.
Por supuesto, dejar completamente de lado el resultado o rendimiento deportivo, eso debe ser completamente secundario.

¿A qué tipo de niños recomendarías un deporte individual y en equipo?
Pues yo creo que sería muy bueno que todos los niños practicaran uno individual y uno de equipo en sus primeros años.
Con el individual aprendes un poco más sobre el sacrificio, la importancia del trabajo y la constancia; y con el de equipo aprendes a compartir, a trabajar en equipo o a respetar el trabajo de los demás.
Con esto no quiero decir que en ambos no se trabajen todos esos valores, solo que cada uno tiene algunos que están más presentes.

¿Es bueno que si nuestros hijos no quieren hacer deporte, insistamos en ello?
Pienso que es fundamental que lo hagan, pero evidentemente el que ellos quieran y no el que les guste a los padres.
Cuando un niño no quiere hacer deporte es complicado pero creo que es porque se ha intentado tarde. Si desde muy temprana edad se le orienta en eso como un juego, los peques lo pasan bien y se enganchan al deporte.

¿Qué debemos hacer los padres si nuestro hijo quiere integrarse en un deporte en el que vemos que no tiene muchas cualidades para él?
Apuntarlo, lo importante del deporte no es el rendimiento que da. Lo que si tenemos que intentar es buscar un club en el que lo tengan claro y le dejen disfrutar independientemente de su nivel deportivo.

Cuando un niño termina un partido, qué mensaje debe recibir de sus padres si ha ganado? ¿y si ha perdido?
Yo recomiendo que le pregunte si se lo ha pasado bien. Si la respuesta es positiva… no hay más que hablar. Si la respuesta es negativa hay que ver si es porque el niño no entiende su papel o si nosotros y su entrenador somos los culpables de ello.
En la derrota debe entender que es parte de la vida y que no pasa nada, que deben trabajar más para mejorar. En la victoria debemos hacerles entender que la victoria es consecuencia del trabajo pero que siempre habrá alguien que pueda ganarnos y debemos seguir trabajando.

¿Cuál es el error más habitual que cometemos los papás con el que te has encontrado a lo largo de tu carrera como entrenador?
Normalmente es darle demasiada importancia al rendimiento. Muchas veces sin querer, transmitimos a los niños mensajes incorrectos. No importa el resultado pero luego protestamos a los árbitros, nos quejamos de la participación o no de nuestros hijos…

Gracias Nacho por tu entrevista.
Si queréis seguirlo en las redes sociales o poneros en contacto con él, podéis hacerlo a traves de su Twitter: “CoachNachoG o Facebook: Nacho Gella Basket.

miércoles, 9 de marzo de 2016

¿CÓMO AFECTA WHATSAPP AL DESARROLLO DE NUESTROS HIJOS?

¿Cuándo fue la última vez que nuestros hijos estuvieron un día entero sin utilizar el Whatsapp? Esta herramienta de mensajería se ha convertido en su aplicación favorita e inseparable; sin embargo, ¿somos conscientes de que genera problemas de dependencia y control hacia su entorno?, por no mencionar su negativa repercusión en sus estudios, fomentando la  distracción y la falta de concentración.

Adolescentes y adultos utilizan cada día más las nuevas tecnologías porque les gustan, les sorprenden. Lo extraño sería no usarlas, ya que facilitan la comunicación con el mundo. Sin embargo, el abuso de estas tecnologías, como por ejemplo el Whatsapp, puede terminar causándonos problemas personales, de pareja, sociales, dificultades de estudio. Dafné Salamé Palencia, Psicóloga Sanitaria, nos proporciona información sobre las repercusiones de esta herramienta y las medidas que podemos tomar desde nuestros hogares.

1-  Obsesionados con la respuesta inmediata. Con la última función incorporada a esta aplicación, verificar si tu mensaje enviado ha sido leído por el destinatario, aumenta su uso irracional y como medio de control hacia los demás. A todos nos suena la típica frase: «No me contesta y lo ha leído». No es bueno que los chicos se acostumbren a una respuesta inmediata, dejándose llevar por la impaciencia. Enseñarles a ser más pausados enriquece mucho más que vivir obsesionado con los minutos y segundos.

2-      Los gestos, el tono de voz, la mirada... En ocasiones, la situación se descontrola y acaba acarreando problemas obsesivos, adición, ansiedad, depresión... Hasta el punto de no comprender comportamientos de los demás, que terminan provocando conflictos sociales, amorosos o malentendidos por sacar conclusiones apresuradas, debido a que la aplicación nos limita al mensaje escrito, perdiendo elementos claves de la comunicación –gestos, tono de voz, mirada...–. Es muy importante saber discernir cuándo debemos parar, cortar, una conversación ‘online’ para mantenerla en persona.

3- Controlados y controladores. Paradójicamente, a los adolescentes no les gusta ser controlados por los padres, sin embargo, les encanta controlar a sus amigos o parejas. Esta costumbre de control no es positiva ni para el ‘controlador’ ni para el ‘controlado’.

4-  Distracción y bajo rendimiento escolar. Ni que decir tiene que Whatsapp se está convirtiendo en un obstáculo ante los resultados académicos de nuestros hijos. Es uno de los principales motivos de distracción en los estudios y del bajo rendimiento escolar, sin comentar su uso en los centros educativos durante horario escolar. Ser estrictos en el momento de estudiar es clave: los chavales deben dejar el teléfono móvil fuera de la habitación y limitar su uso a los descansos.

5-      Los padres, siempre atentos y precavidos. Como ante toda información que viaja por la Red, debemos ser precavidos. Internet no siempre es lugar seguro; debemos hacerles comprender a nuestros hijos que no todas las apariencias son reales y que debemos cuidar lo que se intercambia y se publica por su seguridad y privacidad propia. Hay que permanecer muy atentos, nuestros hijos pueden estar sufriendo ‘ciberbulling’ (acoso en la Red) de forma camuflada y difundiendo determinados mensajes peligrosos para su seguridad.


6-   Por un uso racional y responsable. Evidentemente, no podemos transmitir a nuestros hijos que la tecnología en su globalidad es perjudicial para los estudios o las relaciones sociales; pero sí debemos aprender y saber educarlos en su buen uso, sobre todo, en estos tiempos que corren, que exigen a los jóvenes estar presentes en las redes para su propio desarrollo personal y profesional.








sábado, 13 de febrero de 2016

CEREBRO DE PLASTILINA


 

No importa qué te haya pasado en la vida o qué genes te hayan tocado; la forma en que usas tus pensamientos, puede modificar la estructura y anatomía de tu cerebro.

E. Bachrach

Las últimas investigaciones en neurociencia nos hablan de la gran plasticidad de nuestra mente. El cerebro humano es lo más parecido a un trozo de plastilina; un cúmulo de conexiones neuronales totalmente moldeables en función del uso que hagamos de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos.

Está demostrado científicamente que si usamos más el pensamiento negativo aumenta el riego sanguíneo en el neocórtex derecho. Si, por el contrario, practicamos más el optimismo, es el neocórtex izquierdo el que aumenta su funcionamiento. Pero, ¿quién decide qué parte del cerebro queremos desarrollar más? Única y exclusivamente nosotros.

Es vital conocer la naturaleza de la mente y ser conscientes de que podemos elegir, en definitiva, cómo queremos ir por la vida y cómo queremos que lo hagan nuestros hijos.  ¿Cómo? A través del entrenamiento. Al igual que los músculos del cuerpo humano, el cerebro a base de  práctica, puede aprender una manera diferente de funcionar.

Quizá no somos conscientes de lo mucho que influye en los niños la manera de pensar que tienen los adultos. Muchas veces lanzamos sin darnos cuenta mensajes negativos sobre cualquier situación que los niños recogen e interiorizan. Si cambiamos estos mensajes, podremos modificar los pensamientos de nuestros pequeños:

“Ponte a estudiar el examen”                                     “Prepara el examen y así podrás demostrar todo lo que sabes.”
“Otra vez lloviendo”                                                                         “Genial, podemos buscar esta tarde el arcoíris”
”Otra vez un atasco”                                                “Chicos podemos a aprovechar el atasco para contarnos cosas”
“No me gusta que te portes mal”                                           “Me gusta mucho estar contigo cuando te portas bien”
“Me pones nervioso cuando haces….”                                                                   “Me haces feliz cuando haces….”
“Tienes muchos deberes, date prisa”                                      “Con tantos deberes puedes enseñarme todo lo que                                                                                                                                                       has aprendido.
” ¿Qué chapucería es esa?”                                                    “Si lo intentas más despacito lo puedes hacer mejor.”
“No está mal”                                                                                                                  “Estoy orgulloso de ti.”
"Me preocupo por ti"                                                                                                                       "Te quiero."


Cada día está lleno de vivencias para poder “entrenar” un pensamiento abierto y positivo que haga “callo” en la mente de nuestros hijos  para que su cerebro se vaya modelando hacia una forma de vivir en la que, en lugar de obstáculos, perciban  oportunidades.

Transmitamos a los niños esta manera de pensar que supera lo “gris” de nuestros días para que aprendan a buscar en cada circunstancia de la vida los colores que tiene.
Ésta es la mejor lección que podemos dejar a nuestros hijos.

Hagamos de los niños personas poderosas mentalmente y alcanzarán más fácilmente la felicidad.
Marta Albás López
Orientadora Educación Infantil y Primaria.

domingo, 31 de enero de 2016

CÓMO EDUCAR LA RESPONSABILIDAD DE NUESTROS HIJOS/AS

Hacerse la cama, prepararse la ropa del día siguiente, la mochila, deberes, estudiar… son algunas de las tareas que nuestros alumnos/as deben de llevar a cabo todos los días. En muchos casos, estas actividades son realizadas de manera autónoma por vuestro/a hijo/a, pero, ¿Y si no lo hacen? ¿Tengo que estar encima de él/ella hasta que adquiera estos hábitos? El siguiente artículo tiene como objetivo dar a conocer algunas pautas para educar la responsabilidad en el día a día. Aspecto que desde el Departamento de Orientación del colegio, creemos que es fundamental para el desarrollo íntegro de nuestro alumnado tanto en su dimensión personal como curricular.

  1. Refuerza siempre las conductas adecuadas. Reconoce que lo que ha hecho tu hijo está bien y muestra tu satisfacción, proporcionándole estímulos agradables (caricias). Las caricias pueden ser: verbales «me ha gustado lo que has dicho», «te felicito por lo que has hecho», «tu intervención ha sido muy interesante»…–; gestuales: una mirada amable, un gesto de aprobación, una sonrisa, guiñarr un ojo…; físicas: un beso, un apretón de manos, una palmada en la espalda, un abrazo, una caricia… y materiales: regalos con valor económico que deben reservarse para situaciones muy concretas y extraordinarias.
  2. Reprueba siempre las conductas inadecuadas. Déjale bien claro que lo que ha hecho está mal, es inadecuado o improcedente y que esperas que no se vuelva a repetir.
  3. Confronta las conductas inapropiadas. Cuando consideres que una conducta inadecuada se está repitiendo con frecuencia o entraña cierta gravedad debes confrontarla siempre. Para ello, elige el momento y lugar adecuados y utiliza la siguiente estrategia:
    1. Describe la conducta objetivamente. Sé riguroso. En ningún caso hay que exagerar utilizando generalizaciones del tipo «siempre estás distraído», «nunca me escuchas», «todo lo haces mal» o «nada está en su sitio». Cíñete a los hechos concretos, teniendo en cuenta que el rigor no está reñido con la generosidad, más bien son aliados. Cuando hacemos una descripción generosa estamos tendiendo la mano. Recuerda que nuestro objetivo es educar no acorralar.
    2.  Explícale por qué esa conducta no es buena. Sé asertivo. Las conductas no son inadecuadas «porque sí» o «porque lo digo yo», tienen una explicación que debemos conocer para poderla transmitir. No debes confundir conducta con identidad: una cosa es decir una mentira y otra muy distinta ser un mentiroso. No utilices etiqueta: vago, desmotivado, baja autoestima, mentiroso, desordenado, perezoso, irresponsable...
    3. Impón la sanción que tengas prevista. Aunque no nos gusta castigar debemos hacerlo cuando sea necesario. Frases como «que sea la última vez» o «¿verdad que ya no lo harás más?» deben desaparecer de nuestro repertorio, de lo contrario corremos el riesgo de repetirlas con frecuencia y entonces el mensaje que estamos transmitiendo es: «pase lo que pase, no pasa nada». Ten en cuenta que el castigo sirve para controlar la conducta pero no necesariamente educa, por eso, es necesario el siguiente paso.
    4. Pídele alternativas adecuadas. Puedes hacerlo preguntándole «¿qué otra cosa podías haber hecho?». Si no nos da alguna alternativa aceptable, dejaremos pasar un tiempo máximo de 24 horas para que lo piense. Si transcurrido ese tiempo no aporta ninguna opción, seremos nosotros los que le daremos algunas alternativas adecuadas. Así, la próxima vez que se encuentre ante una situación similar, podrá elegir entre comportarse adecuadamente o no. Y entonces, en cualquier caso, quedará patente que es responsable de su conducta, porque es la él que ha elegido.
    5. Y recuerda que la responsabilidad es una virtud y un valor. Por eso, cultivar la responsabilidad es fomentar el autoconocimiento y la autoestima porque incrementa la seguridad y confianza en uno mismo y, como consecuencia, favorece el desarrollo de la autonomía.


lunes, 11 de enero de 2016

CÓMO TRABAJAR LAS EMOCIONES EN EL ENTORNO FAMILIAR


La familia es el primer grupo social al que pertenecemos, es en ella donde empezamos a ser emocionales. Por tanto, educar las emociones en el seno de la familia debería ser una labor cotidiana que enriquezca la educación integral que desde el Colegio San Viator proponemos.
Conocer las propias emociones y las de los demás y ejercer un control sobre ellas nos permite ser personas más equilibradas, menos estresadas y con buenas relaciones inter e intrapersonales.


No debemos ocultar las emociones ante nuestros hijos, todo lo contrario, debemos expresarlas y educarles aprendiendo a mostrarlas y gestionarlas adecuadamente. Pero... ¿cómo podemos hacerlo? Mª Antonia Morcillo Barrilero, psicóloga y maestra de primaria, nos propone algunos ejemplos:

  • Alegría. La familia es el mejor espacio para experimentar esta emoción. Debemos mostrar a nuestros hijos que estamos alegres cuando las circunstancias nos hagan sentirnos así. Si demostramos estar alegres ante situaciones buenas y gratificantes, ellos aprenderán a hacerlo de la misma forma.
  • Gratitud. Debemos dar las gracias siempre. A nuestros hijos también debemos dárselas cuando sea necesario. Siendo agradecidos con los demás, estaremos educándoles en el agradecimiento, haciéndoles ver que, al dar las gracias, estamos demostrándole al otro lo bien que nos sentimos por su acción.
  • Serenidad. Nunca deberíamos perder la calma que, como adultos, sabemos tan necesaria para la resolución satisfactoria de conflictos. Ante cualquier problema, hay que adoptar una conducta reflexiva, analizando la situación y manejando las diferentes opciones para solucionar el conflicto. Así, encontrar la solución será más fácil y, lo más importante, estaremos ejerciendo de modelos ante nuestros hijos, que verán en la conducta serena y reflexiva la mejor manera de afrontar situaciones conflictivas.
  • Ilusión. Todos sabemos de las dimensiones de la ilusión infantil. Como adultos debemos contagiarnos de ella y no reprimirla. Hay que hacerles ver que las ilusiones son un buen motor para conseguir nuestros sueños. Si nos ilusionamos como niños estaremos contribuyendo a que ellos no dejen de ilusionarse.
  • Ternura. No escatimemos en besos, abrazos y otras manifestaciones de afecto con nuestros hijos y con las personas y animales que tenemos cerca. Los chicos crecerán afectivamente y estarán aprendiendo a no reprimir sus ganas de abrazar y besar; aprenderán que la ternura nos hace sentirnos bien y que hace que el otro también se sienta así. Si somos tiernos sin temor a que nos califiquen de ‘ñoños’ seremos más felices.
  • Tristeza. No hay que ocultar las emociones negativas. Si estamos tristes debemos dejar que nuestro cuerpo así lo exprese. Nuestros hijos aprenderán a respetar nuestros estados de ánimo y a comprendernos mejor. De igual modo, cuando ellos se sientan tristes tenemos que estar ahí, a su lado, hablando de las causas y consecuencias de esa tristeza y encontrando las mil y una formas existentes para salir de ese estado anímico que nos anula. Se trata de no reprimir ninguna emoción.
  • Miedo. Según la edad de los niños, éstos sienten miedo hacia cualquier cosa. No debemos reprimirles por ello, sino invitarles a que verbalicen lo que sienten para ayudarles a encontrar la irracionalidad del miedo. Sentir miedo no es malo, ya que es un estado en el que el organismo se prepara para afrontar situaciones de amenaza, lo que no debemos permitir es que el miedo se apodere de nosotros y no nos deje ver más allá de su sinrazón. Afrontar el miedo de los hijos con serenidad y paciencia es importante.
  • Ira. Es fácil encontrar en la familia situaciones en las que la ira domina las relaciones. Si los hijos muestran esta conducta debemos hablar con ellos en momentos de tranquilidad y hacerles ver que su ira no conduce a nada, que no se consigue nada y que ellos se sienten mal después de un ataque de ira. Podemos enseñarles estrategias para canalizar esa ira: escribir cómo se sienten cuando están irascibles, qué ha ocurrido antes de sentirse así...
  • Envidia. Si en la familia no se experimentan sensaciones de envidia es difícil que los hijos sean envidiosos. Si los adultos actuamos siempre de forma coherente, aceptando lo que tenemos y lo que somos, sin hacer comparaciones con nadie, nuestros hijos estarán aprendiendo un excelente hábito emocional, la sana aceptación de lo que son.
  • Aburrimiento. Hoy, los chicos se aburren por un exceso de estímulos, y debemos dosificarlos para despertarles el deseo y el interés. Si lo tienen todo, ¿qué van a desear? Pocos juguetes y a su debido tiempo, nuevas tecnologías en su justa medida. No creemos adultos en pequeño y no queramos acelerar procesos. Los niños son niños y tienen un camino emocional que recorrer.

martes, 1 de diciembre de 2015

Mi hijo/a está muy adolescente, ¿Qué puedo hacer?


La rebeldía es una de las señas de identidad de la adolescencia. Esa característica de enfrentarse a todo y a todos puede tener aspectos positivos para la vida de nuestros hijos adolescentes, si sabemos encauzarla bien. Pero, a la vez, esa necesidad que tienen de desafiar todas las normas establecidas provoca, con demasiada frecuencia, serios enfrentamientos con los padres. En el artículo que os proponemos esta semana, Mercedes Jiménez, psicopedagoga y maestra de Educación Especial, nos propone una serie de consejos que debemos de tener en cuenta desde el núcleo familiar. 


  1. Una etapa pasajera. Para empezar, debemos aprender a dejar pasar aquellos enfrentamientos menos importantes. Se trata de una etapa pasajera, y nuestros hijos cambiarán.

  1. Ante todo mucha calma. Es muy importante mantenernos serenos. Por mucho que los chavales se irriten y se enfaden, a los padres nos toca hacer el esfuerzo por mantener siempre la serenidad, la calma, para así poder transmitírsela a ellos.

  1. No hay que tener miedo. Debemos abandonar todos nuestros miedos: el miedo a hacerlo mal, el miedo a sentirnos culpables, a que más tarde nos puedan hacer reproches... Ellos necesitan normas. Muchas veces, los padres creemos que nuestros hijos han entendido perfectamente lo que les pedimos... y no es así. Por eso, las normas han de quedar muy claras y debemos ser firmes en su cumplimiento. La disciplina es fundamental para su desarrollo.

  1. Ellos necesitan normas, exactamente igual que cualquier sociedad necesita normas. Podemos explicárselo así, para asegurarnos de que también entienden que vamos a ser firmes, que las normas se ponen para cumplirlas y que cuando no se cumplen, esa actitud tiene consecuencias. Además, fijar límites en su comportamiento hace que se sientan emocionalmente seguros.

  1. ¡Fuera la improvisación! Los castigos no deben improvisarse en un momento de enfado. En esos instantes, los resultados pueden ser muy negativos. Es mucho más práctico que las sanciones por incumplir las normas, se dejen claras al mismo tiempo que se negocien las normas. Debemos buscar, además, castigos que sean efectivos y que les permitan entender la importancia de la regla que se han saltado.

  1. Mucha firmeza. Tenemos que ser firmes y asegurarnos de que se cumplen las sanciones. Si no lo hacemos así, las reglas dejan de tener valor y ellos pensarán que no siempre es importante cumplirlas.

  1. Con mucha sinceridad. Sincerarnos con los hijos, abrirles nuestro corazón, decirles que son lo que más queremos, que nos duele esta situación, que necesitamos que nos ayuden... funciona. Es el momento de recordar las buenas experiencias que vivimos juntos en la infancia y de explicarles que queremos reencontrar esa conexión.

  1. Primero, escuchar. Lo mejor que podemos hacer es limitarnos a escucharles, sin interrumpir y prestando toda nuestra atención a lo que nos dicen. Conviene que estemos en un lugar tranquilo y apagar la televisión. Cuantos menos consejos les demos, más consejos nos pedirán ellos. Los adolescentes no se comunican cuando se les ordena, sino cuando ellos quieren. Así que somos los padres los que debemos estar disponibles. Tenemos que interesarnos por sus cosas, pero sin interferir demasiado, y respetar su necesidad de privacidad, al tiempo que esta se refuerza al establecerse la confianza y cercanía emocional.

  1. Sin exagerar. Si ante un error o incumplimiento de las normas reaccionamos de manera desproporcionada, es muy posible que acabemos a gritos y con insultos de por medio. La rabia está para controlarla, aunque sin dejar de expresar nuestra preocupación. Lo mejor: preguntarles, lo más calmados posible, su opinión al respecto y, a partir de ahí, hablar de las diferencias.

  1. Las fortalezas. Fijándonos en las virtudes y puntos fuertes de nuestros hijos conseguiremos que mejore nuestra relación y así hacer frente a esa problemática específica. Y un último consejo: conviene huir siempre de los extremos demasiado autoritarios o indulgentes.